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HNO.
EUSEBIO JUAN ARRAYA CABALLERO
5 de
noviembre 1911 - 7 de junio 1.977
Un día como
hoy hace 45 años partió a los brazos del Señor, un ser humano excepcional y uno
de los mejores rectores que ha tenido nuestro querido Colegio San José La
Salle.
El año lectivo de 1977 apenas había
comenzado. Ya había ido a Quito para ser atendido en su salud y nos enteramos
de la noticia de su fallecimiento mientras estábamos en clase un día martes. No
alcanzó a estar presente en la beatificación del Hno. Miguel que sería mas
tarde en este año.
Luego de su
partida, la comunidad de hermanos en un gesto sin igual, perennizó su memoria
en un busto que por muchos años recibía a todos los visitantes que llegaban al
Colegio por la puerta principal.
Ese busto ya
fue retirado hace unos cuantos años. En verdad ya los nuevos alumnos,
profesores y hermanos posiblemente no lo conocieron y por tanto se decidió su
traslado a la comunidad.
Quiero por
tanto recordar al Hno. Eusebio a través de un extracto del libro Oro Lasallano
de Alberto Moreno. Solo he puesto unas pocas páginas que describen su
designación, llegada, su enfermedad y su partida. Se incluyen algunas fotos del
recuerdo y al final hay un poema escrito por el Lcdo. Tomás Pantaleòn.+

El histórico del colegio cede un espacio a esta anécdota de interés: "El día primero de mayo de 1969, el Hno. Visitador Carlos Andrés fue a nuestra casa de La Magdalena, en Quito, sacó de la meditación de la mañana al Hno. Eusebio Araya Caballero y le intimó esta orden: recoja sus cosas y trasládese a Guayaquil, pues desde este momento usted es el Rector del colegio San José." El Hno. Eusebio no pudo tomar el primer avión sino el último, llegando a la Perla del Pacífico el mismo día a las cuatro de la tarde, dando así principio a un nuevo período en la vida del plantel, en cuyo rectorado se recibía al único hombre que no debió haber entrado en él"... El autor de este manuscrito fue el Hno. Eusebio Juan, religioso español que llegó al Ecuador en 1950, en la plenitud de sus 39 años para testimoniar con sus actos su vocación de educador lasallano, identificándose plenamente con nosotros, convirtiendo a esta nación andina en su segunda patria.
Su arribo coincidió con la finalización de las matrículas a cargo del Hno. Ramiro Rodríguez, el más joven de la comunidad, venido de Cuenca. El español Hno. Guillermo Covas Castell, llegado de Roma, se integró al cuerpo docente. Las dificultades políticas postergaron la apertura del curso académico 1969 - 1970 hasta el 19 de mayo, día en que el nuevo Rector saludó a la comunidad educativa con emocionadas palabras. La disciplina y organización de eventos estuvieron bajo los cuidados de los Hermanos inspectores Adolfo Armijos Jarrín, en el ciclo diversificado, Francisco Andrade Ortiz, en el básico, y Manuel Cabrera Urgilés, en la primaria. Los Ldos. Guillermo Villacrés Smith, Patricio Carrión Burbano y el Sr. Gustavo Soria Zea formaban parte del cuerpo docente de secundaria.
La fiesta del fundador fue solemne, esta vez con la visita del neo sacerdote, ex alumno P. Roberto Pazmiño Guzmán, quien el 7 de abril celebró su primera misa en nuestra capilla.
El 7 de junio asumió el gobierno eclesiástico de la arquidiócesis de Guayaquil, Mons. Bernardino Echeverría Ruiz, hasta entonces Obispo de Ambato. Una delegación del plantel acudió a recibirlo en la vera del camino.
(Pie de foto izquierdo): Mons. César Antonio Mosquera Corral, prelado renunciante
(Pie de foto derecho): Mons. Bernardino Echeverría Ruiz, nuevo Arzobispo de Guayaquil
(Número de página inferior izquierdo): 188

Numerosos profesores y alumnos del San José acudieron a los solemnes funerales celebrados en el colegio La Salle, presididos por el Arzobispo de Guayaquil. Oradores destacaron la obra meritoria del religioso fallecido, conmoviendo la intervención del P. Jorge Chacón, s.j., quien con los ojos empapados y la voz entrecortada leyó una misiva que días antes le había dirigido el extinto. Desde el mediodía del 9 de junio la envoltura mortal del Hno. Eusebio descansa en el cementerio de los Hermanos de La Magdalena.
Las manifestaciones de pesar llegaron de todas partes con acuerdos mortuorios y artículos periodísticos, como evidente reconocimiento a la obra del misionero y fiel adhesión al Instituto, huérfano de su lucha infatigable por engrandecerlo, pero jamás de su intercesión constante desde el cielo...
Quito, 25 de mayo de 1977
P. Jorge Chacón, s.j.
Superior de la Casa "San José"
Guayaquil
Muy apreciado Padre en Cristo:
Espero de su bondad y comprensión para disculparme el que haya salido de Guayaquil sin despedirme de usted. Las urgencias de salud son así, sin permitirme despedirse de nadie. Llegado aquí tuve que someterme a una delicada operación de la que me considero fuera de peligro, pero tanto los facultativos como mis superiores me ordenan pasar una temporada de recuperación en España.
A nadie más que a usted debo gratitud sincera por el apoyo que siempre recibí en la lucha por la educación católica. Los años convividos frente a esta noble causa, han acrecentado en mí el aprecio y la amistad que siempre le he profesado, y ésta hará que en España y luego nuevamente en el Ecuador, a mi regreso, me interese por su salud y su bien espiritual.
Separados materialmente pediré a diario al Señor y a la Virgen Inmaculada por sus intenciones.
De usted, afectísimo en Cristo,
(Firma: Eusebio Araya)
(Pie de foto superior izquierdo): Saliendo el féretro del colegio La Salle de la calle Caldas, escoltado por profesores y discípulos de su colegio
(Pie de foto superior derecho): Homenaje póstumo en el cementerio de La Magdalena: Benjamín Escudero Salazar, en nombre de los alumnos
36.- Presidente Constitucional del Ecuador, 1996-1997
37.- Vicepresidente Constitucional de la República, 1994-1996
(Pies de las fotos inferiores, de izquierda a derecha):
1926 | 1953 | 1961 | 1969 | 1976
(Número de página inferior izquierdo): 204
PARA UNA LÁPIDA
A la memoria del Hermano
Eusebio Juan, religioso de La Salle
Era el mejor Hermano. ¿No comprenden?
¿Cómo ignorar que el llanto inunda el alma
y la asfixia me cerca y al abismo
voy cegados los ojos, ya sin lágrimas?
¡Si era padre y hermano y luz y guía!
¿Qué miraré si ya todo es tiniebla?
¿Qué oiré si ya su voz toda trizada,
bogando va en el sueño de la piedra?
¿Qué tocaré si ya su mano extinta
ha perdido el calor que la animaba?
¿Si mi mano no toma en su partida
y a mi labor no premia su palabra?
( Y tu sonrisa, Eusebio Juan, hermano
¡si era como un milagro de tus labios,
si era como el anuncio de Dios mismo
invitando al amor en los humanos! )
¿Cómo pensar si el pensamiento es loco?
¿Cómo cantar si es muerta la canción?
¿Cómo olvidarlo, en fin, si basta el olvido
se ha quedado olvidado en el dolor?
ENVÍO:
Si por llorarte se me seca el llanto,
Eusebio Juan, hermano, te bendigo.
Y bendigo tu estirpe de alta fronda
y tu angélico andar de peregrino.
Dile al Señor, pues que su luz te alumbra,
que una familia unirse a ti reclama.
y que en la cola inmensa de La Salle
mi corazón alienta su esperanza
¡Eras primer Hermano ... y no comprenden!
¡Eras primera luz ... y ya no enciendes!
(Firma inferior derecha):
Tomás Pantaleón Tapia
Profesor del colegio
Análisis literario y emotivo de "Para una lápida"
El poema "Para una lápida", escrito por el Lcdo. Tomás Pantaleón Tapia —profesor del colegio y compañero de labor educativa—, constituye un desgarrador y profundo tributo elegíaco dedicado a la memoria del Hermano Eusebio Juan (Eusebio Araya Caballero), figura fundamental de la comunidad lasallista. A través de una estructura lírica cargada de dolor, interrogantes existenciales y profunda fe, el autor canaliza el duelo colectivo por la partida del religioso.
1. Estructura y forma poética
Composición: El texto está estructurado en seis estrofas de cuatro versos (cuartetos) de arte mayor, caracterizados por una rima asonante y consonante muy fluida, seguida de un cierre formal introducido por el apartado "ENVÍO", recurso tradicional de la poesía clásica que funciona como una dedicatoria final o mensaje de despedida elevado hacia el plano espiritual.
Tono: Predomina un tono elegíaco, íntimo y doliente, que transita desde la incomprensión y el desconcierto ante la muerte hasta la bendición final y la esperanza trascendente.
2. Temática central y evolución del duelo
El poema se erige sobre la vivencia de la pérdida irreparable, abordada desde los sentidos corporales y espirituales:
El vacío sensorial (Estrofas I a III): El poeta expresa el impacto de la muerte barriendo los sentidos. El llanto "inunda el alma", los ojos van "ciegos", la voz del Hermano se ha vuelto "trizada en el sueño de la piedra" (alusión a la tumba) y su mano ha perdido el calor. La ausencia física paraliza las facultades cotidianas del hablante lírico ("¿Qué miraré si ya todo es tiniebla?").
La memoria de la bondad (Estrofa IV): Se evoca la figura del Hermano Eusebio como un reflejo de lo divino a través de su sonrisa, descrita como "un milagro" y un "anuncio de Dios mismo". Aquí la elegía se vuelve tierna y personal.
La crisis del dolor (Estrofa V): El intelecto y el arte quedan suspendidos ante la tragedia. El pensamiento enloquece y la canción muere, reflejando cómo el dolor absoluto anula la lógica y la expresión ordinaria.
3. El Envío y la dimensión trascendente
En la sección final, el poema cambia de dirección: el dolor terrenal se transforma en bendición y plegaria.
Legado y camino: El autor bendice la "estirpe de alta fronda" y el "angélico andar de peregrino" del religioso, reconociendo su labor como un trayecto sagrado.
La comunión espiritual: Se le pide al Hermano que interceda ante el Señor recordando a la "familia" lasallista que espera reunirse con él en "la cola inmensa de La Salle".
El clímax final: El poema cierra con una exclamación directa que recapitula la paradoja de la muerte y el desconcierto de la comunidad ante la pérdida de su guía: "¡Eras primer Hermano ... y no comprenden! / ¡Eras primera luz ... y ya no enciendes!".
La primera
página de cada Rector recibía de parte de Alberto Moreno un título que
describía brevemente a cada Hermano que ocupaba ese puesto.
Con toda
justicia al Hno. Eusebio se lo tituló “Regalo de Dios”, pues solo un regalo
como él, podía tener el don de la ubicuidad. Pues estaba en todas partes,
siempre dando un consejo a alguien que lo necesitara. Son pocos los lasallanos
de esa época que no tienen alguna anécdota de su vivencia con tan especial ser
humano.
Particularmente, recuerdo sus clases
de educación sexual mientras estaba en sexto grado. Vimos en acción al maestro
que solamente con pizarrón, tiza y buen humor cautivaba su audiencia. Y cuando
alguien por ahí se distraía, él con un pequeño puñete de cariño recuperaba al
perdido.
Son gratos los recuerdos que tengo
del Hno. Eusebio. Cuando me dedico a mi afición, la filatelia, lo tengo
presente pues él fue quien me inculcó en esta bonita actividad e hizo la
gestión para que me haga socio del Club Filatélico Guayaquil, del cual él
también era socio.
El Hno. Eusebio coleccionaba
estampillas nuevas en series completas de Ecuador y España que montaba en forma
muy prolija en protectores especiales y álbumes encargados a una imprenta
local. Gustaba mucho de enseñar sus colecciones. Nunca participó en una
exposición filatélica, pero nos apoyó a un grupo de jóvenes de esa época a
organizar la primera exposición filatélica intercolegial, la EXFILA 75.
Guardé unas hojas que me vendió el Hno. Eusebio de esa época. Después vine a saber que esas hojas eran una reproducción reducida de las hojas cuadriculadas de los álbumes Scott , que el Hno. Eusebio había enviado a hacer en una imprenta local.
Aquí vi estampillas agrupadas con otras similares que pertenecían a una misma serie, a una misma emisión. No estaban pegadas directamente a la página por una charnela, sino que estaban en un plástico protector negro en la posterior con una cubierta transparente.
Las estampillas eran nuevas. No sabía que las estampillas se podían conseguir nuevas y que se podían coleccionar así. Yo solo había visto estampillas usadas. Pensé que las nuevas no tenían valor, o tenían un menor valor. Después aprendí que si tenían valor y por lo general un valor mayor a las usadas.
El Hno. Eusebio solo coleccionaba España (su tierra natal) y Ecuador. No tenía lo que se puede decir una colección completa de ambos países, mas bien tenía algunas series de ambos países, pero que no representaban una época en particular, sino mas bien eran emisiones recientes. Nada clásico, nada antiguo, nada caro.
De hecho eso no importaba. Con esta presentación no se podía saber si faltaban estampillas. Lo importante era que el conjunto y la colección en total se vieran bonitas. Y en verdad que el Hno. Eusebio tenía una hermosa colección , montada con mucho cariño y dedicación. Eso era lo que transmitía revisar las colecciones del Hno. Eusebio.
Las hojas de su colección eran agrupadas en carpetas nacionales elaboradas por alguna imprenta local, forradas con papel de lo que llamábamos empastado. Es decir que aparte de las estampillas y los protectores, todo lo demás era insumo local.
Y con esta muestra a quien no le va a dar ganar de coleccionar estampillas. Se puede decir que otra vez tuve suerte. Pues si me quedaba con la imagen del álbum mundial, de conseguir y pegar estampillas como un álbum de cromos , no hubiera pasado.


Su busto ya no está en la entrada de
nuestro querido colegio, pero sus recuerdos serán por siempre una bendición en
nuestras vidas a quienes tuvimos la suerte de conocerlo.
Que los
mejores recuerdos del Hno. Eusebio Arraya Caballero sigan bendiciendo nuestras
vidas. Pues recordar es volver a vivir.
Y mientras una persona sea recordada, ésta vivirá por siempre en nuestros
corazones.