Ubicado en las laderas del monte Artemisio, en la pintoresca zona de los Castelli Romani, el hotel-restaurante Benito al Bosco (Via Morice 96, Velletri) es mucho más que un lugar para comer: es una institución gastronómica del Lacio. Dirigido con pulso firme y carisma por el veterano chef Benito Morelli junto a su familia, este rincón ha sabido consolidar un equilibrio perfecto entre la suntuosidad de la naturaleza y una cocina que rinde homenaje a sus raíces sin quedarse en el pasado.
Aquí tienes una reseña detallada de lo que define a este célebre establecimiento:
El Entorno: Un Oasis entre Castaños
El primer gran acierto de Benito al Bosco es su localización. El restaurante está inmerso en un frondoso bosque de castaños y pinos que aísla por completo al comensal del bullicio urbano. En los días claros, la terraza ofrece panorámicas que abarcan desde los montes Lepinos hasta el perfil de la costa del Circeo. La atmósfera combina la elegancia de los grandes salones de recepción con la calidez rústica y acogedora que se espera de la campiña romana.
La Cocina: El Encuentro de la Montaña y el Mar
La propuesta culinaria de Benito Morelli es un ejercicio de artesanía culinaria adaptada a las estaciones. El restaurante maneja una curiosa y exitosa dualidad:
Sabores de la Tierra: Aprovechando los recursos del territorio, el menú destaca por sus embutidos locales, carnes maduradas y, de manera muy especial, los hongos porcini recolectados en los bosques aledaños.
La Paranza de Anzio: A pesar de estar en plena montaña, el pescado fresco llega a diario desde el puerto de Anzio. La capacidad del chef para integrar el mar en una cocina de bosque es una de las firmas de la casa.
Platos Imperdibles
Primeros contundentes: Los paccheri con berenjena, langostinos frescos y un toque de queso pecorino; o las tradicionales fettuccine con alcachofas, guanciale y pecorino.
Segundos de autor: El filete preparado en "sus 101 formas" o la parmigiana de pescado (una reinterpretación que superpone pescado, tomate fresco, albahaca y parmigiano).
Panadería propia: Todo el producto de panadería, desde las hogazas rústicas hasta las focaccias que acompañan la mesa, se elabora diariamente en sus propios hornos.
Una Bodega Monumental
Para los entusiastas del vino, la bodega de Benito al Bosco es un auténtico templo. Custodia entre 1.300 y 3.500 etiquetas (dependiendo de las colecciones de temporada y reservas históricas) rigurosamente seleccionadas y conservadas a temperatura controlada. La carta recorre desde los destacados blancos de los Castelli Romani hasta los tintos más robustos y prestigiosos de Italia, siempre con la guía de sumilleres de la casa.
A tener en cuenta: Los precios son bastante razonables considerando la categoría del lugar y la calidad de la materia prima. El precio medio a la carta ronda los 55 - 60 €, y suelen ofrecer menús de degustación tradicionales desde los 50 €, lo que representa una excelente relación calidad-precio.
El Veredicto
Benito al Bosco destaca por la constancia y la hospitalidad de la familia Morelli. Es el sitio idóneo tanto para una comida pausada de domingo en pleno pulmón verde como para grandes celebraciones. Su cocina no busca la vanguardia extrema ni la deconstrucción, sino potenciar el sabor real del ingrediente fresco con técnicas impecables. Una parada obligatoria si se recorre la ruta de los Castelli Romani.
Así es. De hecho, la actual presidenta del Consejo de Ministros de Italia, Giorgia Meloni, ha convertido a Benito al Bosco en su auténtico "cuartel general" gastronómico fuera de Roma. No es solo un lugar que visita de forma casual; es su restaurante preferido para las grandes celebraciones personales, las reuniones políticas discretas y los momentos de desconexión.
La relación de Meloni con este rincón de Velletri y con el chef Benito Morelli es estrecha y viene de lejos, sumando varios episodios muy comentados por la prensa italiana:
El Vínculo de Meloni con Benito al Bosco
Celebraciones Familiares: Giorgia Meloni ha elegido este restaurante para celebrar hitos familiares muy importantes. Allí festejó el bautizo de su hija Ginevra y también el cumpleaños número 80 de su madre, Anna Paratore. El chef Benito la considera prácticamente "una más de la familia".
Refugio de Campaña y Cumbres Políticas: Durante las intensas campañas electorales y antes de asumir el cargo de Primera Ministra, era habitual verla refugiarse en el bosque de Velletri para almorzar lejos del acoso mediático de Roma. Incluso ha utilizado los reservados del restaurante para mantener reuniones políticas clave de su partido (Fratelli d'Italia), buscando la total discreción que ofrece el entorno.
El Almuerzo de Pascua tras la Separación: Uno de los momentos más mediáticos ocurrió en la Pascua de 2024. Tras unos meses difíciles en el plano personal debido a su separación, Meloni decidió pasar ese domingo de resurrección almorzando en Benito al Bosco junto a su hija, su hermana Arianna y su cuñado (el ministro Francesco Lollobrigida), buscando el calor y la familiaridad del establecimiento.
¿Qué le gusta comer a la Primera Ministra?
El chef Benito Morelli ha revelado en varias entrevistas los gustos culinarios de la mandataria cuando visita su casa. Lejos de pedir platos extravagantes, Meloni opta por la cocina más auténtica y directa del restaurante:
Entrantes del territorio: Siente debilidad por el jamón artesanal de la zona y las preparaciones con hongos porcini frescos del monte Artemisio.
Pescado de Anzio: A pesar de estar en la montaña, suele pedir los platos de pescado fresco que llegan a diario desde el puerto de Anzio.
El toque dulce: Su postre predilecto en el lugar es el milhojas (millefoglie) artesanal que preparan en el restaurante.
La anécdota: El propio Benito Morelli la define como una comensal ideal: "Es una mujer extraordinaria, de una sencillez única a la mesa. Come de todo, aprecia la buena cocina territorial y siempre tiene un gesto de cercanía con todo el personal del restaurante".
Esta preferencia de Meloni ha reforzado aún más el estatus místico de Benito al Bosco, consolidándolo no solo como un templo de la cocina de los Castelli Romani, sino también como un punto de referencia en la crónica política y social de la Italia actual.